WTTC insta a los países a unirse a la red mundial de certificación de salud digital de la Organización Mundial de la Salud
Hace sesenta años, una melodía pegadiza y un divertido paseo en barco debutaron en la Feria Mundial de 1964 antes de trasladarse a Disneylandia en 1966. En una época en la que viajar en avión todavía era un lujo, sus paisajes en miniatura ofrecían a la gente una visión del mundo. Los estadounidenses vieron los templos de Tailandia y los carnavales de Brasil. «It’s a Small World» no fue sólo un paseo en bote; era un portal para el descubrimiento.
Hoy, ese pequeño mundo se ha convertido en una realidad. Alrededor de cuatro mil millones de personas vuelan cada año para conocer nuevos lugares, conocer a sus seres queridos y hacer negocios. Los viajes asequibles han abierto la puerta incluso a los rincones más remotos del mundo. Desde caminatas por el antiguo imperio Inca hasta navegación por los glaciares de la Antártida, viajar es una parte integral de la experiencia humana.
El turismo también es fundamental para la prosperidad. Los datos del Consejo Mundial de Viajes y Turismo (WTTC) muestran que el sector aporta más de 10 billones de dólares a la economía global cada año, crea 330 millones de empleos, fomenta el intercambio cultural y mejora nuestra comprensión a una escala que sólo podría imaginarse en una atracción de feria hace 60 años. La icónica canción “Small World”, con su mensaje de armonía simple pero profundo, me recuerda que, a pesar de nuestras diferencias, todos somos parte de la familia humana.
Julia Simpsom, presidente de la WTTC destaca: «Lo he visto en mis propios viajes. Visitar nuevos lugares y conocer gente nueva me ha demostrado que el turismo no se trata sólo de ver lugares de interés y monumentos. Se trata de comprender diferentes formas de vida, apreciar las culturas, abrazar la diversidad y celebrar la unidad.»
Eso es lo que hizo que la pandemia de COVID-19 fuera tan desorientadora y trágica. De la noche a la mañana, comunidades que alguna vez fueron vibrantes se convirtieron en sitios turísticos desiertos, aeropuertos vacíos y negocios cerrados. Nuestro mundo, tan abierto, se cerró de repente.
Mientras reconstruimos, debemos asegurarnos de no volver a quedar desprevenidos. Necesitamos una infraestructura de salud pública sólida, investigación científica bien financiada y un compromiso con la tecnología en los países en desarrollo. Como dijo Tedros Adhanom Ghebreyesus, Director General de la Organización Mundial de la Salud, «nadie estará a salvo hasta que todos estén a salvo».
Pero eso no es todo. Esta semana, los gobiernos de todo el mundo se reunirán en la Asamblea Mundial de la Salud en Ginebra. Esta es nuestra oportunidad de crear un plan unificado –un tratado pandémico– para priorizar la salud global y asegurarnos de que nunca más estemos desprevenidos para una crisis. Los países deben unirse para garantizar pruebas, certificados de vacunación digitales y una distribución justa de los recursos médicos para mantenernos en movimiento durante el próximo desastre. Y para garantizar que los controles de salud estén alineados universalmente, los países deberían unirse a la Red Mundial de Certificación de Salud Digital (GDHCN) de la OMS, lo que permitirá una verificación transparente a través de fronteras.
Un tratado pandémico y la participación en la GDHCN son esenciales para garantizar que los vínculos entre culturas y personas no sean solo una atracción de fantasía, sino nuestra realidad, sin importar las amenazas que surjan.
Después de todo, sólo entonces podremos tener un pequeño mundo verdaderamente interconectado.


















