RD y Venezuela necesitan recuperar una conectividad aérea acorde con sus vínculos humanos y económicos
La existencia de una importante comunidad venezolana en República Dominicana, la necesidad de servicios consulares, los encuentros familiares y las oportunidades comerciales convierten la conectividad aérea directa entre ambos países en un asunto que trasciende el turismo.
La conectividad aérea entre República Dominicana y Venezuela tiene una dimensión que va mucho más allá de la cantidad de pasajeros que pueden transportar las aerolíneas. Para miles de personas, disponer de vuelos directos entre ambos países representa una herramienta de integración familiar, acceso a servicios consulares, movilidad profesional y comercial y, en muchos casos, la posibilidad de mantener vínculos que se han visto afectados durante los últimos años por las restricciones de movilidad y la interrupción de las relaciones entre ambos Estados.
La relevancia de esta conexión debe analizarse además tomando en cuenta el tamaño de la comunidad venezolana residente en República Dominicana. La Organización Internacional para las Migraciones (OIM), estimaba en 2022 unos 115,300 venezolanos en el país, mientras que los registros regionales de R4V situaban la población venezolana en República Dominicana en aproximadamente 124,100 personas en 2023. ACNUR mantiene actualmente una referencia cercana a 114,000 venezolanos en territorio dominicano. Las diferencias responden a las metodologías y fechas de cada fuente, pero todas muestran la existencia de una comunidad de una dimensión suficiente para generar una demanda permanente de movilidad entre ambos países.
Una conexión que tiene un componente humano
Para una parte de esa población, viajar a Venezuela no responde a vacaciones o turismo. Puede significar visitar padres, hijos, hermanos u otros familiares; acompañar a personas mayores; atender situaciones personales; participar en acontecimientos familiares o resolver asuntos que requieren presencia física.
Existe además otra realidad menos visible: los trámites documentales.
La renovación o gestión de pasaportes, cédulas, registros y otros documentos puede requerir acudir ante autoridades venezolanas. Cuando los servicios consulares no están disponibles o funcionan de manera limitada en el país de residencia, el ciudadano puede verse obligado a buscar alternativas en terceros países.
Ese escenario transforma un problema de conectividad en un problema de acceso.
Para una persona con recursos suficientes, viajar a México, Panamá, Colombia u otro país puede representar una alternativa. Para muchas familias, sin embargo, sumar pasajes aéreos, alojamiento, alimentación, transporte interno, posibles visados y otros gastos convierte esa alternativa en algo económicamente difícil o directamente inviable.
Por eso, la existencia de una ruta aérea directa entre República Dominicana y Venezuela no debe medirse únicamente por su rentabilidad comercial inmediata. También debe considerarse su función dentro de una comunidad binacional que necesita mantener comunicación y movilidad.
La normalización diplomática debe acompañar la conectividad
En este punto aparece otro elemento fundamental. El 3 de agosto de 2026, los gobiernos de República Dominicana y Venezuela anunciaron el inicio de un proceso de normalización gradual de sus relaciones diplomáticas y consulares, estableciendo una hoja de ruta que contempla inicialmente el restablecimiento de los servicios consulares y posteriormente el avance hacia la normalización diplomática.
Esta decisión tiene una relación directa con la movilidad.
La recuperación de los servicios consulares de Venezuela en República Dominicana y de los servicios dominicanos en Venezuela puede reducir una de las principales dificultades que enfrentan los ciudadanos de ambos países: la necesidad de desplazarse a terceros Estados para resolver determinados asuntos.
República Dominicana ha mantenido mecanismos de representación de sus intereses en Venezuela a través de terceros. De hecho, el MIREX informó en enero de 2026 que España representaba los intereses dominicanos en Venezuela desde julio de 2024 y remitía a los ciudadanos dominicanos al Consulado de España en Caracas para situaciones de emergencia.
La normalización anunciada en agosto abre, por tanto, una nueva etapa que debería tener como uno de sus resultados prácticos la recuperación efectiva de los servicios consulares de ambos países. De hecho, a partir de hoy 01 de octubre reabre el consulado dominicano en la ciudad de Caracas, con lo que se espera que pronto el consulado venezolano reabra en la capital dominicana.
La conectividad aérea y la red consular son dos componentes diferentes, pero complementarios, de una misma realidad: la movilidad de las personas.
Caracas no debería ser el único punto de conexión
Actualmente, Caracas constituye el principal enlace aéreo entre los dos países, pero la realidad territorial venezolana plantea una oportunidad mucho mayor. Ciudades como Valencia, Maracaibo y Barquisimeto, así como destinos de la región oriental de Venezuela, concentran población, actividad empresarial y vínculos familiares que pueden generar demanda directa desde República Dominicana.
La existencia de vuelos directos hacia estas ciudades permitiría evitar conexiones terrestres o aéreas dentro de Venezuela después de llegar a Caracas, reduciendo tiempo, costos y complejidad para los pasajeros.
El caso de Valencia es particularmente ilustrativo. En junio de 2026, República Dominicana utilizó precisamente el Aeropuerto Internacional Arturo Michelena (VLN) para facilitar el retorno de dominicanos afectados por los terremotos registrados en Venezuela. El vuelo humanitario conectó Valencia con el Aeropuerto Internacional de Las Américas (SDQ).
Actualmente, no existe una ruta regular directa SDQ-Valencia, de acuerdo con los sistemas de programación consultados.
Esto demuestra que la necesidad de conectividad no es exclusivamente teórica: Valencia ya fue utilizada como punto de conexión aérea entre ambos países en una operación de carácter humanitario.
Maracaibo, Barquisimeto y el oriente venezolano
Una estrategia de conectividad más amplia debería estudiar también la viabilidad de rutas hacia Maracaibo (MAR), Barquisimeto (BRM), Valencia (VLN), Barcelona (BLA), Maturín (MUN), Porlamar (PMV) y otros puntos que puedan generar suficiente demanda.
No significa que todas estas rutas deban abrirse simultáneamente ni que todas tengan necesariamente el mismo potencial comercial. Significa que el mercado merece ser estudiado con una visión más amplia que la tradicional relación Santo Domingo-Caracas.
De hecho, la propia oferta comercial de LASER incluye Santo Domingo como origen hacia varios destinos venezolanos, entre ellos Caracas, El Vigía, Maracaibo, Porlamar y Barcelona. Esto demuestra que existe una estructura de demanda y distribución que puede evolucionar si aumenta la capacidad y aparecen nuevos operadores.
Una sola aerolínea no parece suficiente para todo el mercado
La República Dominicana y Venezuela reactivaron formalmente su conectividad aérea en febrero de 2026 después de casi dos años de suspensión. La Junta de Aviación Civil (JAC), señaló entonces que las aerolíneas venezolanas habilitadas bajo el acuerdo incluían RAV, RUTACA, LASER, Turpial y Avior, mientras que por República Dominicana estaban Red Air y Sky High y ja Arajet ha solicitado los permisos correspondientes.
El reto, por tanto, no parece ser exclusivamente regulatorio.
El desafío está en que esa capacidad autorizada se traduzca en operaciones reales, frecuencias suficientes, competencia y diversidad de rutas. La presencia de varios operadores potenciales permitiría que el mercado encuentre diferentes modelos: vuelos regulares, frecuencias adicionales en determinados días, rutas a ciudades secundarias, vuelos estacionales y operaciones enfocadas en distintos segmentos de pasajeros.
Entre las aerolíneas que podrían analizar oportunidades se encuentran RAVSA, RUTACA, LASER, Turpial y Avior, además de Conviasa y las compañías dominicanas que ya cuentan con experiencia o autorización para operar hacia Venezuela.
En ese contexto, la discusión no debería centrarse solamente en quién opera Caracas-Santo Domingo, sino en cómo desarrollar una red de conectividad que responda a la estructura real de la demanda.
Dos vuelos semanales resultan limitados frente al mercado potencial
La conectividad actual debe observarse también desde el punto de vista de la frecuencia. Cuando una comunidad tiene decenas de miles de personas y existen relaciones familiares, comerciales y profesionales entre ambos países, una oferta reducida de vuelos limita las posibilidades de movilidad.
La frecuencia es especialmente importante para los viajes familiares y de negocios porque no todos los pasajeros pueden adaptar sus actividades a un único día de operación. Una mayor disponibilidad semanal permite, además, reducir la necesidad de permanecer varios días en el destino, facilita viajes cortos y hace más viable la utilización del avión para actividades empresariales.
La programación publicada actualmente por LASER para Santo Domingo muestra operaciones entre Caracas y Santo Domingo, mientras que sus canales comerciales también presentan conexiones desde Santo Domingo hacia otros destinos venezolanos. Por ello, la evolución del mercado debería medirse no solamente por la existencia de una ruta, sino por frecuencias, capacidad, puntualidad, precios y diversidad de destinos. Hace unas semanas, desde Infotur Dominicano, publicamos que Laser pronto estaría conectando Santo Domingo con la ciudad de Barcelona con una frecuencia de tres vuelos por semana
Rutaca, es otra de las aerolíneas venezolanas que se encuentra operando vuelos entre las dos naciones con una conexión Caracas – Punta Cana con una frecuencia de dos vuelos por semana
La conectividad también mueve comercio
Existe otro componente que merece mayor atención: el comercio.
Los vínculos empresariales entre República Dominicana y Venezuela pueden beneficiarse de una conectividad aérea más amplia, especialmente en sectores donde los viajes de ejecutivos, representantes comerciales, profesionales y empresarios forman parte de la actividad cotidiana.
Una persona puede viajar para reunirse con un proveedor, visitar un cliente, explorar una inversión, participar en una feria, supervisar operaciones o cerrar un acuerdo comercial.
Además, una mayor conectividad puede favorecer el intercambio de pequeñas cargas, documentos y mercancías de alto valor, aunque el desarrollo de este segmento dependerá de las condiciones regulatorias y de la capacidad de las aerolíneas.
La aviación, en ese sentido, funciona como infraestructura económica.
Un mercado que también puede recuperar su componente turístico
Aunque la dimensión familiar y comercial debe estar en el centro del análisis, no debe descartarse el componente turístico. La República Dominicana y Venezuela tienen productos diferentes y complementarios que pueden generar viajes en ambas direcciones.
Venezolanos residentes en República Dominicana pueden viajar por vacaciones o para visitar familiares, mientras que venezolanos residentes en su país pueden encontrar en República Dominicana un destino de ocio, compras, negocios y conexión con otros mercados.
De igual manera, la conectividad facilita el desarrollo de productos combinados, viajes de grupos, eventos, congresos y programas empresariales. Pero sería un error considerar que todo el potencial de esta relación depende del turismo tradicional. El verdadero mercado está compuesto por familias, estudiantes, trabajadores, empresarios, profesionales, comerciantes, turistas y personas que necesitan acceder a servicios consulares.
El papel de los aeropuertos
Para República Dominicana, Santo Domingo constituye el punto lógico para una expansión de esta conectividad. El Aeropuerto Internacional de Las Américas (SDQ) es el principal aeropuerto de entrada y salida internacional de la capital y ofrece la infraestructura necesaria para desarrollar una red de vuelos hacia diferentes ciudades venezolanas.
Sin embargo, Punta Cana (PUJ) también ha demostrado que puede generar demanda hacia Venezuela. La existencia de una ruta entre Punta Cana y Valencia mostró la posibilidad de conectar directamente un importante polo turístico dominicano con una de las principales áreas urbanas e industriales venezolanas, aunque esa operación dejó de funcionar en septiembre.
La pregunta que debe plantearse ahora es si existe espacio para recuperar esa conexión y desarrollar otras desde Santo Domingo y eventualmente desde Punta Cana.
Una oportunidad para la aviación dominicana y venezolana
La recuperación de las relaciones entre ambos países ofrece una oportunidad que puede ser aprovechada por las aerolíneas de ambos lados. Para las compañías venezolanas, República Dominicana representa un mercado con una comunidad venezolana significativa y una economía turística que genera movilidad permanente.
Para las aerolíneas dominicanas, Venezuela puede representar un mercado de proximidad con posibilidades en pasajeros, carga, negocios, turismo y conexiones con diferentes regiones del país. La distancia geográfica favorece esta relación. Caracas y Santo Domingo están separadas por aproximadamente 916 kilómetros, con un tiempo de vuelo directo cercano a una hora y media.
No se trata, por tanto, de una conexión de larga distancia que requiera una planificación extraordinaria. Se trata de dos mercados del Caribe y Sudamérica que pueden estar conectados mediante vuelos relativamente cortos.
La recuperación debe ser integral
La conectividad aérea no puede analizarse de manera independiente de la recuperación institucional. Si se reactivan los vuelos pero los ciudadanos continúan teniendo que desplazarse a terceros países para resolver trámites consulares, quedará incompleta una parte fundamental de la normalización.
De igual manera, si se restablecen las embajadas y consulados pero la conectividad continúa limitada, muchas personas seguirán enfrentando dificultades para desplazarse entre ambos países. Por eso, aviación, servicios consulares y relaciones diplomáticas deberían avanzar de manera coordinada.
El anuncio de agosto de 2026 constituye un punto de partida institucional. El siguiente paso será convertir esa normalización gradual en servicios que puedan ser utilizados efectivamente por ciudadanos dominicanos y venezolanos.
Una necesidad que también es una oportunidad
La discusión sobre los vuelos entre República Dominicana y Venezuela suele reducirse a frecuencias, aerolíneas y rutas. Pero detrás de esos indicadores existe una realidad humana mucho más amplia.
Miles de venezolanos han construido su vida en República Dominicana y mantienen vínculos familiares, económicos y afectivos con Venezuela. Al mismo tiempo, existen dominicanos que viven, trabajan o mantienen relaciones familiares y comerciales en territorio venezolano.
Para ellos, un vuelo directo no es simplemente un producto de transporte.
Es la posibilidad de llegar a casa, visitar a un familiar, resolver un documento, atender un asunto empresarial o realizar un viaje que de otra manera puede resultar económicamente inaccesible.
Por eso, la recuperación de la conectividad aérea entre República Dominicana y Venezuela debe verse como parte de un proceso más amplio de normalización de la movilidad, recuperación de las relaciones institucionales y reconstrucción de los vínculos económicos y humanos entre ambos países.
El mercado ya existe. La comunidad existe. Los vínculos familiares existen. Las necesidades consulares existen. Las oportunidades comerciales también existen.
El desafío ahora es que la conectividad aérea evolucione desde una oferta limitada hacia una red que pueda responder a esa realidad, incorporando más frecuencias y evaluando conexiones directas con ciudades como Caracas, Valencia, Maracaibo, Barquisimeto y otros centros urbanos venezolanos.
Y para que ese proceso sea sostenible, deberá estar acompañado por la recuperación efectiva de las embajadas y consulados, la facilitación de los trámites para ciudadanos de ambos países y una coordinación institucional que permita que la normalización anunciada deje de ser solamente diplomática y se convierta también en movilidad real para las personas y oportunidades concretas para las economías de República Dominicana y Venezuela.


















